Una tarde... de afanelas,
con coraje más que orgullo,
escapé del camino tuyo
y aventuré a las fronteras.
En su sed... mis pasos,
vagaron caminos terrenales;
dejando entre sus anales,
huellas y amores falsos.
Caminé al filo de los mares,
buscando la mezquita prohibida;
honda tristeza en mi vida...
haber abandonado mis lares.
Al volver las miradas al camino.
No tengo huellas!... ¡Qué ocaso!
El mar se tragó mis pasos!;
e hizo un enigma mi destino.
Mi caminar echado a la suerte.
Volver o seguir es el nuevo norte.
Pero mis pasos, no perderán su porte!
aún, a la mezquita de la muerte...
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